jueves, 13 de diciembre de 2018


Una breve genealogía

Canarias son siete importantes islas del Atlántico situadas al norte de África y al sur de Europa conocidas como Gran Canaria, Tenerife, La Palma, Hierro, Fuerteventura, Gomera y Lanzarote. Puedo contarles que mi abuelo Saturnino Delgado Rodríguez nació en un pueblo de una de ellas. En Arucas, Las Palmas de Gran Canaria, en 1869.

En mando de rey el forzoso alistamiento de tropas de novicios en distintos sitios de dominio español hacía que muchas familias como la de mi abuelo buscaran por temor dónde poner a salvo del servicio militar a sus hijos. Allá soplaban vientos de guerra. Y por eso mi abuelo arribó a Venezuela alrededor de sus dieciocho años de edad.

En 1887 atracó en el puerto de La Guaira un barco velero de bandera española con un apiñado grupo de inmigrantes de procedencia canaria. Entre sus pasajeros venía la familia de mi abuelo. Estaba conformada por sus padres Bartolomé Delgado y Juana Rodríguez de Delgado, él como hijo mayor y sus hermanos Hilario, Francisco, Paulo, José Mª y Agustín. 

Ya pisando suelo venezolano mis ascendientes apuntaron sus maletas con dirección a Guatire. Un pueblo laborioso en la agroindustria de la caña, el café y el tabaco, casualmente los mismos rubros de producción de su Arucas. Al elegir a éste como su residencia sería menos la nostalgia por la lejana cuna al no extrañarla tanto como en los primeros días.

En Guatire nacieron sus hermanos últimos Andrés Mª, Gerónima, Dominga y Nieves. Mi abuelo contrajo matrimonio con Cleotilde González Lafée y procrearon a Miguel, María, Juana Francisca y Faustina Rosa mi madre. Aquí vivió treinta y cuatro años labrando sus tierras con la más honrada dedicación para criar a su familia en el amor, la humildad, el respeto y la solidaridad.

Saturnino Delgado Rodríguez dejó de existir el 13 de noviembre de 1921 a la edad de cincuenta y dos años. Sus restos reposan en el panteón de los Delgado González del viejo Cementerio Municipal de Guatire. Gracias a la lúcida memoria de mi siempre recordada tía María que en paz descanse me fue posible hilvanar con su valiosa información oral esta corta crónica de familia.

Andrés Blanco Delgado


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