Una breve genealogía
Canarias son siete importantes
islas del Atlántico situadas al norte de África y al sur de Europa conocidas
como Gran Canaria, Tenerife, La Palma, Hierro, Fuerteventura, Gomera y
Lanzarote. Puedo contarles que mi abuelo Saturnino Delgado Rodríguez nació en un pueblo de una de ellas. En Arucas, Las Palmas de Gran Canaria, en 1869.
En mando de rey el forzoso
alistamiento de tropas de novicios en distintos sitios de dominio español hacía que muchas
familias como la de mi abuelo buscaran por temor dónde poner a salvo del
servicio militar a sus hijos. Allá soplaban vientos de guerra. Y por eso mi
abuelo arribó a Venezuela alrededor de sus dieciocho años de edad.
En 1887 atracó en el puerto de La
Guaira un barco velero de bandera española con un apiñado grupo de inmigrantes
de procedencia canaria. Entre sus pasajeros venía la familia de mi abuelo. Estaba
conformada por sus padres Bartolomé Delgado y Juana Rodríguez de Delgado, él
como hijo mayor y sus hermanos Hilario, Francisco, Paulo, José Mª y
Agustín.
Ya pisando suelo venezolano mis ascendientes
apuntaron sus maletas con dirección a Guatire. Un pueblo laborioso en la
agroindustria de la caña, el café y el tabaco, casualmente los mismos rubros de
producción de su Arucas. Al elegir a éste como su residencia sería menos la
nostalgia por la lejana cuna al no extrañarla tanto como en los primeros días.
En Guatire nacieron sus hermanos
últimos Andrés Mª, Gerónima, Dominga y Nieves. Mi abuelo contrajo matrimonio
con Cleotilde González Lafée y procrearon a Miguel, María, Juana Francisca y
Faustina Rosa mi madre. Aquí vivió treinta y cuatro años labrando sus tierras
con la más honrada dedicación para criar a su familia en el amor, la humildad,
el respeto y la solidaridad.
Saturnino Delgado Rodríguez dejó
de existir el 13 de noviembre de 1921 a la edad de cincuenta y dos años. Sus
restos reposan en el panteón de los Delgado González del viejo Cementerio
Municipal de Guatire. Gracias a la lúcida memoria de mi siempre recordada tía
María que en paz descanse me fue posible hilvanar con su valiosa información
oral esta corta crónica de familia.
Andrés Blanco Delgado
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